20 kilos de mierda
Vale. Estoy escribiendo en caliente y eso nunca se puede hacer, pero es lo que hay:
Empiezo el dia con dos polvos inolvidables: uno antes de desayunar y el otro, despues de una intensa conversación con mi novia sobre nuestro futuro. Tocas el cielo con las manos y después te pones a estudiar como un cabrón pensando que sería mas fácil hacerlo si no vivieras de alquiler en un apartamento frente al puerto deportivo viendo cómo el reflejo del sol en el agua se cuela por las tres ventanas del salón haciendo dibujos en el techo. El piso es muy pequeño, pero tiene encanto: un minilujo que todavía me puedo permitir por un precio vergonzosamente bajo en los tiempos que corren.
La cosa se tuerce al medio dia. No me gusta la salsa 'al pesto', no ha salido buena, pero me la como sin rechistar que mas hambre pasan algunos.
Por la tarde toca ver pisos y la cosa se tuerce del todo. La historia de siempre y lo que nadie puede entender: esos precios: da igual el número de habitaciones, las vistas, da todo igual, el precio siempre es el mismo y te tienes que tragar toda la mierda del mundo mientras les falta por escupirte a la cara que esos pisos son para invertir, no para vivir - que para eso están los huecos de los puentes, piensas. Lo mas duro es que nosotros vamos a buscar casa con mucho dinero ahorrado y aún así, es imposible. Nos han llegado a pedir el 60% del piso como entrada y 90.000 euros para hacer la reserva... y no, no estoy hablando de La Moraleja. Estoy hablando de otra zona y de simples pisos de 2 habitaciones.
Como tampoco hay prisa, dejamos la búsqueda para otro dia y nos tomamos un café. Está quemado.
A mi novia se le rompe el coche y tengo que ir a recogerla a casa de sus padres. Creo que hoy no es precisamente el mejor dia para conocer a su padre, pero veo que no habrá otra alternativa.
Cuanto antes me vaya a la cama, mejor.
